Es costumbre al final de cada curso de tarot que cada alumno elija una carta como una especie de consejo final o arcano a trabajar. Un alumno sacó la carta de la Torre o la Casa de Dios, que interpretó como que llegaba un cambio a su vida, una rotura de esquemas y un nuevo sistema de vida.

Al cabo de unos meses regresó para comenzar otro curso y comentó que le había sucedido lo siguiente.

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